LA HUERTA CASERA
LA HUERTA CASERA
Desde muy pequeña, aprendí a reconocer las especies y sabores de
nuestra tierra. A degustar, la comida de las Abuelas, con sus platos sencillos,
pero con un sabor único e irrepetible,
que con sencillos elementos, hacían un
manjar de Dioses. (Las Arvejas
verdes y tiernas, con el arroz, recién guisado, los Tamales de la Abuelita
Robertina, y los Envueltos de la Abuelita Concha). Los tomateros sembrados, con
su tallo espinoso, que sentí en carne propia; las espinadas que me daba,
tratando de cogerlos verdes para nuestros juegos. Y una serie de otras legumbres, aromáticas,
el infaltable Cilantro, la Yerbabuena y su olor mentolado, ETC.
Este patio era mi pequeño micro mundo, en el cual hablábamos con las
flores, las componía y hasta con las mariquitas que estaban en sus ramas. Este espacio, no solo era el tesoro más grande de la abuela, sino el
nuestro…
Finalmente, casa que se respetara no le podía faltar la huerta. Compuesta con lo que hubiera en temporada o
cosecha. Pasando por plantas de Maíz, Arveja, Tomate, Acelgas, Frijoles y Aromáticas. Todo y más se encontraba allí; La
verdad sea dicha, La Pacha Mama, nos regaló una tierra fértil y sana.
No recuerdo nunca ver que la
abuela iba al mercado por legumbres, pero sí a la vecina con un canasto. Con su
andar muy elegante, venía a saludar a la Abuela. Todo lo que proveía la madre
tierra, se daba o se intercambiaba.
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